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Existe una creencia popular de que a más talento menos necesidad de un profesor, muchos hemos escuchado con algo de incomodidad interior a un padre orgulloso decir: «Mi hijo tiene demasiado talento, toca guitarra, batería, bajo, piano, tambores, armónica, y todo de oído, sin ningún profesor», y la incomodidad parte del hecho de que sabemos que lo que ven ellos con tanta ilusión nosotros los músicos profesionales lo vemos como lo que es, una joya en bruto, sin procesar, defectuosa y llena de errores.

Cuando vives en carne propia el estudio de 10 años de un instrumento y al graduarte sabes que tienes todavía un mundo de cosas por aprender, se hace un poco difícil creer que alguien simplemente por existir ya toca 10 instrumentos de manera autodidacta. Y es que hacer sonar un instrumento es muy diferente que tocarlo correctamente, cualquiera puede bajar teclas de un piano con el codo o los pies, pero de eso a tocar Chopin hay unos cuantos años de diferencia.

Primeras experiencias

Lo primero que descubrimos al estudiar con un profesor de música es que la disciplina mata talento, aquellos estudiantes que llevan años en formación son superados por otros que si bien tienen menos tiempo aprendiendo, le dedican más horas de manera regular y constante a su instrumento. El talento sirve para avanzar más rápido y con mayor facilidad, pero es el trabajo duro el que te lleva lejos, motivo por el cuál notamos que actualmente hay tantos músicos asiáticos que apenas en su infancia ya demuestran virtuosismo, porque en su cultura la disciplina es algo fundamental que heredan directamente de sus padres.

Talento o sentencia

Aquellos que llevamos más de una década en el medio recordamos de manera distante a casos muy especiales, personas con una facilidad y naturalidad inmensa en la música, pero que nunca cultivaron seriamente su formación musical, y que actualmente están exactamente al mismo nivel que cuando empezamos, y hoy en día siendo profesionales recordamos como en el pasado nos impresionaban, y hoy en día los vemos como principiantes congelados en el tiempo.

¿Sabías que Beethoven, obligado por su padre fracasó en su infancia al tratar de imitar la fama y hazaña de Mozart? En otras palabras, Beethoven carecía del talento y genialidad de Mozart, por lo que no logró el éxito que este tenía desde la infancia… Pero, aquí la clave, Beethoven no se detuvo, dedicó toda su vida a la música, convirtiendose eventualmente en la leyenda que hoy conocemos, el GENIO que sí llegó a ser, si bien le tomó más tiempo llegar a ser una leyenda, con mucha disciplina y trabajo lo logró, y lo demás es historia.

Para que necesitas la guía de alguien

Con un buen maestro, cuentas con algo que aplica a todas las areas de la humanidad, y es que no comienzas desde 0, sino que partes del conocimiento y la experiencia de este para que sigas adelante con la base más sólida. Imagínate por un momento estudiar física de manera autodidácta, o medicina, o construcción. Estarías retrocediendo siglos atrás, redescubriendo cosas que hoy en día son básicas pero que antes eran fascinantes; básicamente aprendiendo música por tu cuenta pierdes tiempo teniendo a tu disposición más de 10 siglos de avances musicales que te convertirían en un profesional plenamente capacitado para la época actual.

Por lo que te digo, sí, con talento puedes hacer sonar un instrumento sin ayuda de nadie, pero si tu pasión es la música y quieres llegar lejos, ser un profesional, necesitarás un maestro.

 

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